Integrar la sostenibilidad al negocio: el caso de La Cumbre

Desde hace tres años, Grupo La Cumbre impulsa un proceso de transformación empresarial para integrar la sostenibilidad a su estrategia de negocio. Como parte de ese proceso, este año obtuvo la Certificación B, un gran hito que aceleró y validó este camino que continúa.

La Cumbre es una empresa familiar rosarina con más de 40 años de trayectoria en la industria alimenticia. En 2023 comenzó un proceso para incorporar la sostenibilidad de manera más sistemática a la gestión. Ya contaba con numerosas iniciativas y buenas prácticas; la búsqueda era partir de ese recorrido para construir una estrategia común.

Para una empresa construida sobre más de cuatro décadas de historia, ese camino implicaba también revisar la propia manera de hacer las cosas. “Para nosotros era importante transitar este proceso respetando nuestra esencia, pero también permitiéndonos evolucionar”, cuenta Virginia Alabarce, directora de Recursos Humanos y Sostenibilidad. Para avanzar en esa búsqueda, La Cumbre decidió sumar una mirada externa que le permitiera revisar lo que ya venía haciendo y abrir nuevas preguntas. “Sentimos que una mirada externa podía ayudarnos justamente en eso: a hacernos nuevas preguntas, a ordenar, medir y profesionalizar muchas prácticas que ya existían y, sobre todo, a desafiarnos para ir un poco más allá”.

“Había mucho por capitalizar, pero faltaba ordenar, sistematizar y definir hacia dónde quería avanzar la empresa”, recuerda Claudia Almenárez Mendoza, quien lideró el acompañamiento desde FIXIT. El desafío fue pasar de las prácticas existentes a una gestión sistemática y profunda del impacto e instalar la sostenibilidad como un tema transversal del negocio y dentro de su gobernanza, no como una iniciativa de un área específica. El objetivo era, en definitiva, llevar el impacto cada vez más al corazón del negocio.

Como parte de ese proceso, La Cumbre decidió avanzar con la obtención de la Certificación B. Más que un objetivo en sí mismo, la certificación permitió profundizar un trabajo que ya estaba en marcha: revisar distintas dimensiones de la empresa, medir su impacto e identificar aquello que todavía necesitaba transformar. “No queríamos hacerlo solamente para obtener un sello. Queríamos que fuera una oportunidad genuina para mirarnos hacia adentro, reconocer todo lo que veníamos haciendo bien y también animarnos a ver aquello que todavía necesitábamos transformar”, señala Virginia.

Tres años después, esas preguntas alcanzan al propio negocio. Los cambios en el mercado y en las formas de producir y consumir forman parte hoy de las discusiones sobre los productos que La Cumbre ofrece y las transformaciones que deberá afrontar hacia adelante. La sostenibilidad empieza así a formar parte de una discusión más amplia sobre la propia evolución del negocio.

Una de las señales más profundas de esa transformación aparece en la manera en que las personas entienden su propio rol. “Cuando distintas personas del equipo comenzaron a comprender que sus decisiones cotidianas también construían nuestro impacto, sentí que algo había cambiado de verdad. La sostenibilidad empezaba a dejar de ser un proyecto para convertirse en una forma compartida de mirar la empresa”, señala Virginia.

“La Certificación B te invita a mirarte en un espejo”, dice Virginia. Y quizás lo más desafiante de esa mirada sea que no termina con la certificación: también permite reconocer aquello que todavía queda por revisar, profundizar o transformar.

Para La Cumbre, el desafío ahora es iniciar un nuevo ciclo con el foco y la profundidad que la empresa necesita en esta etapa. Ya iniciaron un proceso de innovación en el modelo de negocio y en sus productos: ahí es donde está el mayor potencial de impacto y competitividad.

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